Domingo, 25 Febrero 2018

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Cintillo para La VOz

ESPECIAL| O b l i g a d o s . a . c r e c e r

ESPECIAL| O b l i g a d o s . a . c r e c e r
Montaje: Jesús Revilla. Fotos: Angélica Mustiola.

Edwin es un niño de 11 años, que debería estar cursando quinto grado, pero no cuenta con registro escolar; su vida transcurre entre las frutas, verduras y hortalizas en los alrededores del mercado municipal del centro de Punto Fijo; como él docenas de niños, niñas y adolescentes, sin tiempo para crecer, pasan el día y la tarde vendiendo para ser merecedores de unos cuantos billetes y así apoyar en el sostenimiento de sus hogares.

Las condiciones de vida obligan a las familias, como la de Edwin, a activar la responsabilidad desde el más grande hasta el más pequeño, llevándolos a crecer a todos por igual, sin derecho y sólo deberes.

Bajo todo riesgo, expuestos a enfermedades y accidentes, y sin la protección social y de salud mínima, para estos niños, niñas  y adolescentes, la pobreza es su presente y futuro cercano, dejando a un lado su ilusión, para dar paso a una responsabilidad obligada, convirtiendo esa magia, propia en ellos, en vacío y tristeza.

T o d a . p e r s o n a . t i e n e . d e r e c h o . a . l a . e d u c a c i ó n

Realidad social circundante

Garantizar la educación básica, completa y de calidad, aunado a programas que contrarresten la situación de pobreza y la generación de empleos decentes para adultos, son algunas de las obligaciones del Estado para erradicar el trabajo infantil.

Víctor Clark Boscán, gobernador del estado Falcón, señaló que esta situación es un trabajo fundamentalmente humano y que requiere de un equipo multidisciplinario, “para nosotros es preocupante el tema de los niños en las calles, así como aquellos que se encuentran en conflictos penales, por lo que nuestros programas atienden todo el aspecto, incluyendo el familiar, económico y psicosocial del niño, niña y adolescente”.

El índice más alto, a juicio de Clark se centra en la capital del estado, por lo que es allí donde se ha dado inicio a planes y programas mancomunadamente con entes regionales, para abordar la entidad mirandina y conocer de cerca los motivos por los cuales estos menores de edad se rebuscan por las calles.

Qué niño no le gustaría pasar su vida jugando, estudiando y compartiendo con personas de su edad…eso también lo desean sus padres, pero la pobreza y escazas alternativas para sus bienestares, los ven forzados a enviar a sus hijos a trabajar a sus cortas edades, comprometiendo así su sano desarrollo.

Esta es una historia de una paraguanera que prefirió contar su testimonio desde el anonimato. Para respetar su privacidad, se hizo llamar “Ana Medina”.

Ana, madre de un adolescente, dos niñas y un niño, relató, “Cuando recién me separé del papá de mis hijos, me fui a vivir sola con ellos a una pieza. No saqué mis estudios por meterme a vivir con mi marido, por lo que se hacer muy pocas cosas. Desde entonces mis trabajos han sido vendiendo en la calle. Mi hijo mayor, de 10 años, dejó de estudiar para acompañarme a vender, las morochas tienen 8 y el menor 3. El mayor se queda en casa cuidando a su hermano pequeño mientras las hembras van a estudiar; cuando llegan, él se viene a trabajar y ellas cuidan del varoncito. Me duele dejarlos solos, pero no me queda de otra”.

Ana, antes de irse a buscar el pan del día, les deja todo listo a sus muchachos; salir de su cuarto es apretarse el corazón y tratar de apartar ese sentimiento de culpa, de autoseñalarse como mala madre por el hecho de dejarlos solos, “me la paso llamándolos para saber si están bien, si comieron, si se bañaron, si estudiaron; les ruego que no salgan, que vean televisión y que no le abran la puerta a nadie; sé que me estoy perdiendo sus mejores años, pero todo lo hago por ellos; les pido perdón por no estar allí cuando se caen, cuando lloran, cuando me necesitan, en especial le pido perdón a mi hijo mayor, por convertirlo en el hombre de la casa, sin siquiera consultárselo; por quitarle los libros y las metras de las manos y ponerlo a ayudarme a buscar el dinero”.

El hijo de Ana tiene un techo donde dormir; gracias a su esfuerzo diario se acuesta con el estómago lleno, se enorgullece cuando dice que ayuda a su mamá en el sustento de su familia, se alegra cuando aporta para que en su hogar haya lo necesario… pero ha dejado de ir a la escuela.

Ana atiende y vela por sus hijos, sin embargo, las calles también son testigos de criminales que empujan a sus descendientes a mendigar, colgando sobre sus pequeñas y aun débiles espaldas la responsabilidad de llevar dinero a casa cueste lo que les cueste, por lo  que se les ven estirando sus manos por las ventanillas de los carros que se detienen cuando el semáforo está en rojo, o por las rejas de las cercas en alguno que otro conjunto residencial de la ciudad, pasando de ser niños a fuentes generadoras de ingresos económicos, sin ellos poder rehusarse.

El trabajo no es tarea de niños

Art. 32 de la Convención sobre los Derechos del Niño “Los Estados deben protegerlos contra la explotación económica y cualquier trabajo que pueda ser peligroso, entorpezca su educación, sea nocivo para su salud, su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”.

Ante el incremento de menores de edad pidiendo dinero en las calles, el Consejo Municipal de Derechos del Niño, Niña y Adolescente, en Carirubana, activó un operativo de abordaje en la jurisdicción, a los fines de garantizar sus derechos, de acuerdo a lo que contempla la ley.

Gisela González, directora ejecutiva del Cmdnna, refirió que la Lopnna establece que los adolescentes a partir de los 14 años de edad, con su debido permiso emitido por el consejo de protección, pueden trabajar, no obstante, destacó, “lo que vienen haciendo la mayoría de los niños en Punto Fijo no es un trabajo, pues muchos de ellos se encuentran en situación de indefensión porque son enviados por mayores (padres o representes) a pedir dinero en las calles. La Ley establece que el contenido de la responsabilidad de crianza es educar, vigilar y amar a los hijos, por eso cada padre tiene que garantizarle el modus vivendi a esos niños en conjunto con el Estado. Debemos ser garantes de la trilogía Estado, familia y sociedad”.

Falcón no se escapa de la maldad, de la perversión, y es que, en trabajos de campo llevados a cabo por el Consejo de Protección de Carirubana, se ha corroborado la existencia de mafias que utilizan a niños, niñas y adolescentes para la consumación de hechos delictivos, sin importarles los riesgos que corren esos pequeños.

La institución no es un órgano coercitivo con los menores de edad, pero como Estado sí seremos imperativos y punitivos con los padres y organizaciones delictivas que inciten a los niños a delinquir”, puntualizó la funcionaria.

Todo es posible, si con el corazón lo haces

En 2002, la Organización Internacional del Trabajo (O.I.T.) inició una fuerte campaña de atención sobre la dura realidad que viven millones de menores alrededor del mundo, con la finalidad de presionar a gobiernos y sociedad civil en general.

Un Falcón sin trabajo infantil no es imposible si todos contribuimos para abolirlo… Todos tenemos la responsabilidad, actuemos ya, con contundencia, hagámoslo realidad para que, como quería Petter Pan “l o s . n i ñ o s .  n o .  t e n g a n .  q u e .  c r e c e r .  a n t e s .  d e .  t i e m p o”.

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